Un día no hace mucho mucho, desperté y sentí que algo andaba mal con lo que sucedía a mi alrededor. El aire que respiraba ya no era tan puro como antes, el agua que bebía no lo era menos tampoco, el sol ya no me acariciaba con delicadeza, el suelo que pisaba estaba cubierto por una pasta negra que no lo dejaba respirar, hasta la lluvia era distinta, ya no me visitaba tan a menudo y se iba siempre como si tuviera mucha prisa.
Apuesto a que muchos de ustedes han sentido algo similar durante estos últimos años, yo recuerdo con nostalgia esos días maravillosos de mi adolescencia temprana, cuando salir a caminar a la calle a medio día no era una idea para nada inconcebible. Pero bueno, eso era antes... ¿antes de que? Antes de explotar y contaminar sin consideración los bosques, los mantos acuíferos, el campo, el aire, los ríos, los campos petrolíferos, etcétera, etcétera, etcétera. Lo que vemos hoy en día se trata del ahora, ahora hace mas calor, ahora llueve menos, ahora todo es caro, ahora todo es complicado, ahora todo da cáncer, entre otros. Somos la horrible generación sin nombre a la que le tocó cargar con el estigma del antes y después, la que heredó problemas que nunca ocasionó. Yo no recuerdo de niña haber jugado a la planta de químicos que emite gases de efecto invernadero a lo estúpido, sin embargo, si me acuerdo de un señor barbón que hablaba de un agujero en la capa de ozono que provocaría daños ecológicos irreversibles al que por cierto, nadie quiso escuchar. Creo que par entonces los verdaderos dueños de todas esas plantas estaban muy felices limpiándose el %&?# con el rostro de Lincoln impreso en un billete.
En fin, pasó el tiempo y alguien sintió lo mismo que yo y decidió averiguar que era lo que andaba mal, fue ahí cuando nos hablaron por primera vez del calentamiento global y otra vez nos valió madre, escuchábamos todas esas teorías que nos decían esos amiguitos con batas y lentes que unos llaman científicos, pero estábamos demasiado contentos con nuestro consumismo pendejo y la temporada otoño-invierno y esas ondas inservibles que no podíamos ver mas allá de nuestros lujos y tendencias.
Ni greenpeace con sus como 10 años de trayectoria tratando de salvar este planeta, ni las conferencias multimedia de Al Gore nos pudieron convencer. Pero eso si, llegaron los medios a bombardearnos con la idea de que salvar al mundo era super cool y fresco y ahora si, toda la bola de babosos a hacerle caso a los 'rebelde' y demás mamadas de la mercadotecnia mediocre.
Pues VAYANSE A LA MIERDA!!! con sus insensibles campañas publicitarias y sus ganas de exprimirle hasta la ultima gota a cada problema social, economico o ambiental que se les ponga en frente. ¿Cómo puede ser posible que seamos tan fríos, tan soberbios y tan atroces como para mediatizar y lucrar con un problema que una bola de avaros inconscientes provocó, que en un futuro les puede costar la vida a nuestros hijos, a nuestra descendencia, un problema que puede hacer desaparecer a la especie misma? ¿Cómo se les ocurre hacer de una situación tan delicada una moda? Yo personalmente lo encuentro repugnante, vomitivo. Me pregunto de que nos sirve hacerles caso y salvar un planta dominado en su totalidad por fulanos hechos de piedra desprovistos de corazón y de conciencia. No, yo prefiero regalarle mi alma al diablo antes que dársela a estos bastardos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario